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La geolocalización y el control de la población con motivo del Covid-19: Apple y Google

Las autoridades gubernamentales, creen que, para controlar la transmisión de la enfermedad, es esencial un control exhaustivo de la población infectada a través de la ubicación de sus teléfonos móviles.

Muy poco se ha hablado de esto en los medios de comunicación, pero el pasado día 10 de abril de 2020, dos de las grandes corporaciones más poderosas a nivel mundial en relación con las comunicaciones, Apple y Google, se han asociado para trabajar juntos. Estas dos compañías poseen altos grados de control sobre prácticamente todos los teléfonos inteligentes operativos en el planeta: Apple a través de su icónico iPhone y el ecosistema de software que los ejecuta, y Google a través una gama de aplicaciones y programas que se encuentran en los dispositivos que utilizan el sistema operativo Android. Ambas compañías tienen acceso a una red mundial de sensores, con habilidades computacionales en todo el planeta, de alrededor de 3.500 millones de dispositivos operativos. 

Esta unión pretende combinar sus diferentes activos para ofrecer una ayuda en el seguimiento de la pandemia del Covid-19, lo que implica, inexorablemente, una capacidad de control sin precedentes sobre las personas a nivel mundial, sin olvidar de los peligros que esto entraña, de los que se hará referencia al final de este artículo. 

En circunstancias normales, una colaboración entre estos dos gigantes de la tecnología no habría sido muy creíble, debido principalmente a la feroz competencia que ambos mantienen en relación con sus productos estrella: los teléfonos inteligentes o smartphones. Pero no nos encontramos, precisamente, en circunstancias normales. Las autoridades gubernamentales, creen que, para controlar la transmisión de la enfermedad, es esencial un control exhaustivo de la población infectada a través de la ubicación de sus teléfonos móviles. Con este objetivo, estas dos compañías pretenden enlazar sus infraestructuras para posibilitar la estandarización de sus protocolos inalámbricos de Bluetooth, lo que hará más sencillo que terceros (como los entes gubernamentales) puedan crear aplicaciones de seguimiento de personas que se complementen y funcionen sincronizadas en las diferentes plataformas móviles. 

Algunos países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Irlanda, y muchos otros, ya estaban utilizando aplicaciones para rastrear y geolocalizar a las personas infectadas. Ahora quieren crear nuevas aplicaciones para aprovechar esta nueva plataforma global ofrecida por Apple y Google. Pero ¿cómo funcionarán estas nuevas aplicaciones? A través de los terminales telefónicos, estas aplicaciones transmitirán una cadena única de números y letras, que será legible por cualquier otro teléfono dentro del alcance de la tecnología inalámbrica Bluetooth (que es de, aproximadamente, diez metros). A su vez, otra aplicación rastreará las cadenas de transmisión de otros teléfonos de alrededor. Cada teléfono almacenará un registro de las cadenas de caracteres que haya detectado y, por lo tanto, de todos los teléfonos con los que haya establecido una cercanía en la distancia. Se ha dispuesto que, por razones de seguridad (y porque así lo exigen los protocolos de seguridad criptográfica existentes en Apple y Google), la cadena de caracteres que transmite un teléfono cambiará cada 10-15 minutos. En un principio, se ha estimado conveniente que los registros de las cadenas de caracteres recibidas y almacenadas en cada teléfono, se guarden solo en el teléfono para aumentar su seguridad; sin embargo, esto puede cambiar en un corto periodo de tiempo, y esa información sensible puede acabar en manos de estas dos compañías y, en última instancia, en las manos de los diferentes gobiernos, lo que facilitaría de manera exponencial el control de la población. 

Esta tecnología está diseñada por compañías con capital privado que rinden cuentas ante grandes inversores, que son sus propietarios. 

Sin embargo, si una persona desarrolla síntomas de la enfermedad y luego da positivo por Covid-19, una vez detectado por las autoridades, transmitirían a la red diferentes cadenas de caracteres que se actualizarían en las aplicaciones instaladas en los móviles para que sea posible su detección, caso de producirse un acercamiento. Apple ha denominado a estas cadenas de caracteres transmitidas por las autoridades como llaves de diagnóstico, que posibilitarán que los teléfonos con la aplicación instalada puedan identificar a los titulares infectados que lleven consigo sus terminales en el caso de que se encuentren próximos. Se trata de un método imperfecto, pues en caso de que la persona infectada no lleve consigo el terminal telefónico, será imposible geolocalizarla. 

El protocolo a seguir en el caso que una persona detecte a través de su teléfono móvil que ha estado muy cerca de una persona infectada, está todavía por determinar. Una buena idea sería proceder a notificar a esa persona para que se ponga en contacto con los servicios sanitarios con el objeto de realizarle una prueba de diagnóstico. De esa forma, se podría controlar más rápidamente la expansión de la enfermedad, ofreciendo la cobertura y los consejos necesarios en esos precisos momentos. 

Lo anterior implica el desarrollo de tecnología muy sofisticada, y lo es. Pero es importante no dejarse deslumbrar por el brillo de los avances tecnológicos en este sentido, ya que el rastreo de los contactos de los teléfonos inteligentes es solo una parte de una infraestructura mucho más amplia que debe construirse para rastrear a las personas infectadas por el Covid-19, que ha de ser lo suficientemente rápida como para evitar la propagación de la enfermedad en la población. La identificación precisa de las personas que pueden estar propagando el virus es de vital importancia.  

Esta infraestructura del tipo de una tela de araña, se deberá construir, preferiblemente, alrededor de los lugares en donde se realicen los diagnósticos o test para la detección de la enfermedad. Con esta implementación se pretende, entre otras cosas, poner fin a los encierros de personas, o el cierre de establecimientos y lugares. Así, cuando las autoridades puedan evaluar a todas las personas con la suficiente frecuencia, se cree que podrán estar seguras de que el virus no se está propagando. La implementación de esta tecnología es muy costosa y, admitámoslo, puede llegar a ser profundamente desagradable e invasora de la intimidad de las personas (a nadie le gustaría estar haciéndose los test una vez a la semana durante los próximos dos años), pero se estima que, con el tiempo, se podría acotar con mayor precisión el número de personas que deberían de hacerse las pruebas diagnósticas ante la sospecha de que pudieran estar infectadas.  

Todo esto solo sería posible si los usuarios de los teléfonos instalan las aplicaciones recomendadas. La experiencia de Singapur es positiva en este aspecto. Su gobierno lanzó el pasado 20 de marzo una aplicación de geolocalización y rastreo llamada TraceTogether. Sin embargo, y a pesar de la utilidad de la aplicación, solo ha sido descargada por una sexta parte de la población, siendo necesaria una mayor implementación para que sea realmente eficaz a nivel local. Es posible que la aplicación más utilizada en el mundo, de rastreo y geolocalización de personas, es la implementada en Islandia, llamada Racning C-19, que lo utiliza alrededor un de un 40% de la población de las más de 364.000 personas del país. Si un lugar tan pequeño y homogéneo no puede alcanzar una tasa de descarga mínima del 60% para que la iniciativa sea eficaz ¿qué se puede esperar de otros países más grandes como España, Francia o Estados Unidos?. 

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Para que estas aplicaciones, y esta iniciativa, sean adoptadas por la mayor parte de la población, es necesario que las personas quieran utilizarlas, tal y como afirma Ciro Cattuto, un famoso epidemiólogo de la Universidad de Turín en Italia. Para ello, se necesita que las personas sientan que están contribuyendo a un bien común, al bienestar general de la población. Es preciso mantener altos estándares de confianza en el sector público para que algo así funcione, por lo que la transparencia ha de ser exquisita a medida que la aplicación se vaya mejorando a lo largo del tiempo. 

Por otro lado, es importante tener en cuenta que la idea de la automatización, o digitalización, no lo es todo. Las aplicaciones y los teléfonos inteligentes pueden aportar datos interesantes en relación con la geolocalización, ubicación y proximidad de las personas, pero no son suficientes para cubrir todo el abanico de necesidades de control social, es preciso acudir a otras alternativas que complementen la información aportada por los smartphones. Así, por ejemplo, a finales de enero de 2020, Taiwan utilizó con éxito, una mezcla de los datos del sistema nacional de salud y de los datos aportados por las compañías telefónicas del país para rastrear las diferentes fuentes de infección del país. Lo hicieron sin recurrir a las aplicaciones de seguimiento instaladas en los teléfonos móviles, aunque su utilización requirió la autorización de poderes especiales en una situación de emergencia nacional. 

En el futuro próximo, se desarrollarán redes de alta tecnología para rastrear infecciones. Se impone la utilización de la tecnología para estos fines, de aquí en adelante. La existencia de formularios online o a través de apps para detectar potenciales portadores de la infección; la utilización de paneles de visualización para informar de datos relevantes; la potenciación de la telemedicina para diagnósticos a distancia, etc. Las aplicaciones que se crearán, teniendo en cuenta los nuevos protocolos que establecerán Apple y Google, deberán centrarse en proporcionar información a los agentes de la autoridad que precisen rastrear los focos de infección o las personas posiblemente infectadas. 

Existen dudas razonables en relación al tratamiento de los datos personales obtenidos, distribuidos y compartidos a través de estas aplicaciones que se pretenden implementar a nivel mundial.

Peligros en relación con la seguridad y privacidad de los datos

Existen dudas razonables en relación con el tratamiento de los datos personales obtenidos, distribuidos y compartidos a través de estas aplicaciones que se pretenden implementar a nivel mundial. Existen riesgos asociados que conviene no pasar por alto, ni sacrificar, en pro de una supuesta seguridad y bienestar general

Es preciso preguntarse cómo se almacenarán las cadenas de números y datos individualizados, las claves personales, en los servidores de Apple y Google que, no lo olvidemos, son empresas privadas. Aunque se conoce que la seguridad de los datos estará basada en firmas SHA-256, no se dispone de una homologación criptográfica a todos los niveles en este aspecto, y eso puede suponer una grave brecha de seguridad en relación con la seguridad y privacidad de esos datos. A pesar de estas deficiencias, se entiende que serán las autoridades sanitarias competentes las encargadas de gestionar y controlar de los datos, apelando a las buenas prácticas de la gestión de estos datos. ¿En verdad estamos en buenas manos en países como España?

Por otro lado, existen escenarios teóricos en los que el sistema podría ser vulnerado. La tecnología Bluetooth podría ser comprometida si un hipotético atacante generara falsos contagios a través de la aplicación, amplificando su señal a través de hardware computacional específico, de modo que los usuarios que se encontraran a una gran distancia, serían igualmente notificados, pese a ser físicamente imposible que se haya contagiado el usuario. El sistema que se está implementando no contempla un escenario en el que un atacante comparta su estado de infectado sin estarlo, alertando de manera fraudulenta a todos los demás usuarios. 

Y todo lo anterior, sin pasar por alto todas las consideraciones que tienen que ver con el uso de datos sensibles por parte de los gobiernos. La Unión Europea ya ha avisado recientemente de la enorme responsabilidad que conlleva la utilización masiva de datos personales y sensibles en el siguiente documento.  

En relación con este apartado, y si se quiere profundizar más en la materia, se aconseja una lectura detenida de las siguientes referencias de reciente aparición: 

Privacy-Preserving Contact Tracing – Apple-Google.

Contact Tracing – Bluetooth Specification.

Contact Tracing – Cryptography Specification.

Contact Tracing – Framework Documentation (API).

Descentralized Privacy-Preserving Proximity Tracing.

La antesala del chip subcutáneo

La implementación de esta tecnología es, a todas luces, muy útil para conseguir afrontar la extensión de una enfermedad o una epidemia como la que ahora se está padeciendo. La recopilación de la información personal, e interpersonal, en masa se precisa como necesaria para que, a través del Big Data, se pueda hacer un seguimiento preciso de los objetivos que se pretendan rastrear. Pero no olvidemos que esta tecnología está diseñada por compañías con capital privado que rinden cuentas ante grandes inversores, que son sus propietarios. 

La cantidad de información personal que se manejará a través de estos instrumentos será (y ya es) tan grande, que su valor es inmenso en un mundo tan interdependiente e interconectado como el nuestro. Lo más alarmante es que todo este tráfico de información está siendo facilitado por los diferentes gobiernos a nivel mundial. 

No debemos olvidar que esta tecnología, tal y como está planteada, es aun imperfecta, pues se hace depender de la posesión de un smartphone, pero no olvidemos que compañías de capital privado no invierten tantos millones de euros para que caigan en saco roto. Es preciso traer a colación que la tecnología (también vía inalámbrica a través de Bluetooth, y con capacidad de geolocalización precisa) que existe en los actuales chips subcutáneos (ver artículo) se puede beneficiar de estos avances ya que, en un futuro no muy lejano, parece que estos chips formarán parte de las personas (como ya ocurre hoy en día con los animales), sustituyendo, no solo el dinero en efectivo, sino cualquier forma de identificación mediante tarjeta o teléfono que se lleve en el exterior del cuerpo. Este tiempo ya casi está aquí.