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La deuda y la crisis económica que se avecinan después del Covid-19

Los diferentes gobiernos alrededor del mundo hablan en términos de guerra cuando se refieren a la lucha contra el Covid-19. La deuda y la crisis económica son los próximos enemigos a batir.

Los diferentes gobiernos alrededor del mundo hablan en términos de guerra cuando se refieren a la lucha contra el Covid-19. Recordemos que la forma de hablar es importante, pues el mensaje que se quiere transmitir no da lugar a equívocos, y en parte no está mal encaminada. Todos somos conscientes de que el endeudamiento de los diferentes países está aumentando a niveles nunca vistos antes desde la Segunda Guerra Mundial, como si estuviéramos en una guerra convencional. A medida que la economía sigue desgastándose y cayendo en picado, los gobiernos están tratando de ayudar a las empresas y a los hogares a pasar estos momentos tan desalentadores. Por otro lado, el tejido comercial e industrial está siendo seriamente dañado, y los ingresos fiscales están sufriendo un durísimo golpe. En poco tiempo, esta situación extraordinaria pasará factura y, en breve, podremos sentir y vivir sus consecuencias. 

El endeudamiento de los diferentes países está aumentando a niveles nunca vistos antes desde la Segunda Guerra Mundial, como si estuviéramos en una guerra convencional.

Es muy preocupante comprobar que las arcas públicas de los estados están sufriendo un serio revés, del que no se sabe ciertamente si se recuperarán, o de si serán capaces de soportar la inmensa presión a la que van a ser sometidas en breve por el deterioro de la economía a todos los niveles. Por ejemplo, en España, la deuda pública podría elevarse hasta el 135 % del PIB (una auténtica barbaridad). En Estados Unidos se prevé que el gobierno tendrá un déficit de alrededor de un 20 % del PIB este año (si no más). Es más, el FMI ya ha asegurado que la deuda pública norteamericana unos 7.000.000.000 dólares, hasta alcanzar la cifra de los 67.000.000.000 dólares de deuda a finales de este año; o del 105 % del PIB al 122 %, un aumento nunca visto antes. En Japón, por ejemplo, ya en el año 2019 su deuda pública ascendió a la vertiginosa cifra del 240 % del PIB. Cuanto más dure esta situación, más se disparará la deuda pública. Estas deudas tan inmensas son demasiado grandes, y una carga insoportable para las sociedades occidentales. El panorama económico es, ciertamente, muy preocupante. 

En España, la deuda pública podría elevarse hasta el 135 % del PIB (una auténtica barbaridad)

Hay pocos temas que causen tanto alarmismo como el incremento desmesurado de la deuda pública. El reloj de la deuda nacional a nivel global ya lleva avisando desde hace unos años sobre un más que probable colapso de la economía, pues las cifras están alcanzando cotas ciertamente insoportables. De hecho, la deuda pública de un país no es como el saldo de una tarjeta de crédito de un hogar; la deuda nacional es propiedad de todos los ciudadanos. La deuda puede llegar a ser alta, pero lo realmente importante son los tipos de interés que hay que pagar por ella. En España, los intereses de la deuda pública podrían llegar a elevarse a cerca del 10 % del PIB, es decir, el equivalente al, aproximadamente, 120.000 millones de euros. Los países que impriman su propio dinero, como Estados Unidos, los bancos centrales pueden mantener bajas las tasas de intereses comprando bonos (la Reserva Federal ha comprado en las últimas semanas ingentes cantidades de esos instrumentos financieros). En estos momentos no hay riesgo de inflación, debido principalmente a que el precio del petróleo se ha derrumbado, sin embargo, un soporte fiscal deficiente puede empujar a las economías de los diferentes estados a una espiral en declive muy peligrosa. 

En España, la enorme deuda que se está generando, y la atadura que supone la pertenencia a la zona euro, puede condenar al país a vivir bajo la amenaza continua de un posible pánico financiero.

Sin embargo, aunque el aumento del gasto público sea la única solución para evitar una depresión económica más profunda, parece el camino más sensato, el aumento de deuda pública de manera desmesurada puede amenazar seriamente el bienestar y la economía de un país. En este sentido, países fuertes como Estados Unidos, tienen más posibilidades de aguantar el golpe que otros países con menos defensas financieras, como parece que puede suceder con España. En España, la enorme deuda que se está generando, y la atadura que supone la pertenencia a la zona euro, puede condenar al país a vivir bajo la amenaza continua de un posible pánico financiero si, por ejemplo, el BCE deja de comprar los bonos de deuda españoles. ¿Merece la pena el riesgo?

Parece que las tasas de interés de la deuda pública se mantendrán estables y a la baja durante algunas décadas, pero el dinero es enormemente miedoso, y esas perspectivas pueden tornarse en una verdadera tormenta en cuestión de semanas si no se gestiona bien la situación que se está viviendo, y los recursos de que se disponen. Se desconoce mucho sobre el virus y sus efectos a medio plazo, y no es posible vislumbrar un futuro financiero claro en estos momentos. La destrucción de las cadenas de suministro que se está produciendo en estos momentos, puede ser una gran barrera para la recuperación económica, lo que podría degenerar en una espiral de precios y tasas de interés a medida que se produce una explosión de la demanda. La tormenta casi perfecta. 

Con un déficit tan inmenso, las políticas de reducción del déficit serán, cuando menos, tóxicas y perjudiciales para la economía y el bienestar general

A los gobiernos les espera un camino ciertamente traicionero de aquí en adelante, entre el estímulo económico de hoy, y la temerosa prudencia del mañana. El éxito no está garantizado, por lo que tomar las decisiones adecuadas en estos momentos es de vital importancia. Con un déficit tan inmenso, las políticas de reducción del déficit serán, cuando menos, tóxicas y perjudiciales para la economía y el bienestar general. La pandemia aumentará los gastos, especialmente en lo relativo a los gastos sanitarios. El creciente envejecimiento de la población necesitará un incremento de las pensiones y de los gastos sanitarios en los próximos años. Con este panorama, será mucho más costoso mantener los servicios públicos que mejorarlos; asimismo, habrá menos recursos para combatir las futuras crisis que, al parecer, se aproximan, como la del cambio climático o, incluso, otra pandemia. 

El panorama que se presenta es, ciertamente sombrío y preocupante.

Ante esta realidad nada alentadora, los gobiernos deberán ser muy hábiles en relación con las necesidades presupuestarias actuales y futuras, así como en el control de la inflación, de lo contrario, puede que lleven a sus países a la ruina estrepitosa. El panorama que se presenta es, ciertamente sombrío y preocupante, y parece que todo apunta a un recorte masivo del gasto público y a una subida generalizada de los impuestos, algo que puede perjudicar, y mucho, a las tasas de consumo, algo completamente contraproducente para la economía.

De no afrontarse adecuadamente esta situación, el colapso financiero está garantizado.

Lo más probable es que vivir con cargas tan altas de deuda pública se convierta en una carga agotadora e insoportable a medio plazo. Parece que nos encontramos ante un desafío nada fácil de resolver en el mundo postcovid. De no afrontarse adecuadamente esta situación, el colapso financiero global está garantizado, y sus consecuencias son del todo imprevisibles.