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El Covid-19 amenaza la supervivencia de la Iglesia Católica y las demás religiones

En los 2.000 años de historia que han sucedido a la muerte de Jesús, sus seguidores nunca han tenido que enfrentarse a una Pascua como la que estamos viviendo estos días.

El Viernes Santo constituye en sí la celebración del momento más conmovedor del drama pascual, la rememoración del Viacrucis que representa la Pasión y muerte de Jesús en la Cruz. Sin embargo, y a tenor de los acontecimientos, la Fe parece haberse oscurecido en estos momentos.

En este año 2020 ha resultado imposible la celebración de la Semana Santa, o al menos eso dicen. Se ha cancelado la Semana Santa, con todos sus actos y expresiones populares. También se ha suspendido la administración de los Sacramentos a nivel general, pues los Templos han sido cerrados y los fieles no pueden acudir a ellos para celebrar la Eucaristía o para descargar sus pecados a través del Sacramento de la Penitencia. En esta situación, parece que los fieles han sido, literalmente, abandonados a su suerte en estos tiempos de convulsión mundial donde, precisamente, más se necesita el consuelo y remedio espiritual.

Los desastres, guerras y enfermedades que azotaron a la humanidad en el pasado, han  servido para que las personas se superaran para encontrar un nuevo significado en los antiguos rituales religiosos. Pero, paradógicamente, dos enemigos invisibles y poderosos, el miedo y el Covid-19, han conseguido lo imposible. Se ha suspendido la celebración de los rituales religiosos, los gestos, y las reuniones en el corazón de su identidad religiosa se han convertido en un potencial peligro ¿para la salud? Con asombro se puede comprobar que, tanto la mayoría de los consagrados como los laicos de carácter modernista, han abrazado la tecnología como remedio a estos males. Esta situación ha traído consigo reacciones encontradas y críticas no menos importantes, y amenaza con abrir una brecha difícil de reparar en el seno de las religiones. 

Para muchos el desconcierto, la perplejidad y la sorpresa de la actitud de las autoridades religiosas ante los acontecimientos que se están desarrollando, es evidente y palpable. El Patriarca Krill, actual cabeza de la iglesia ortodoxa rusa, dijo el pasado 29 de marzo, no sin estupor para millones de fieles, que se abstuvieran de visitar las iglesias. Sin embargo, no todos los seguidores del cristianismo oriental lo han hecho, ya que muchos han dado ejemplo al continuar ofreciendo a los fieles las especies consagradas (el pan y el vino). Los clérigos de Georgia, por ejemplo continuaron ofreciendo a sus fieles el pan y el vino consagrados, los cuales, según afirman, que es imposible que causen daño alguno a los fieles. 

El Obispo de Roma (Francisco) se ha referido a esta situación de pandemia calificándola de oscuridad y vacío angustiante, que se ha apoderado de la vida de las personas; pero sorprende que no se hayan ofrecido soluciones concluyentes y eficaces para satisfacer las necesidades espirituales de cientos de millones de fieles por todo el mundo, que se han visto, de la noche a la mañana, desprovistos de los remedios espirituales que les ofrece la Iglesia. La respuesta de la iglesia occidental, liderada por la Iglesia Católica, ha sido poco convincente y bastante tibia, tal y como argumenta Marco Ventura, de la Universidad de Siena cuando afirma que, incluso para muchos creyentes, los profesionales sanitarios se han convertido en los nuevos profetas.

No todos los cristianos están de acuerdo con las medidas impuestas.

No todos los cristianos están de acuerdo con las medidas impuestas. Algunos evangélicos estadunidenses no han estado de acuerdo con las medidas tomadas en relación con el Covid-19. Un predicador de Florida, Rodney Howard-Browne, fue arrestado el 30 de marzo después de permitir el rezo comunitario de los fieles de su iglesia. Muchos políticos han respaldado la actuación de estos predicadores y religiosos, como ha ocurrido con el Gobernador de Florida, y abogado, Ron DeSantis, que catalogó los servicios religiosos como actividad o servicio esencial que podían continuar (bajo ciertas restricciones) a pesar del bloqueo de la actividad económica y social. Y es más, en al menos una docena de otros estados de Estados Unidos, los servicios religiosos no tuvieron obstáculos para su prestación. En otros países, como España e Italia, católicos de tradición, los políticos han considerado los servicios religiosos como no esenciales, sin que haya habido protesta o presión alguna por las autoridades religiosas, y mucho menos desde el Vaticano. ¿A qué se debe esta diferencia tan sustancial?

Desde sectores radicales seculares, y también desde posiciones políticas progresistas, se ha presionado de forma importante para erradicar todo tipo de manifestación pública religiosa desde la aparición de las primeras oleadas de la epidemia. En Corea del Sur, por ejemplo, cientos de miembros de la Iglesia Shincheonji de Jesús contrajeron el virus en los servicios religiosos comunitarios y, según las autoridades, se favoreció el contagio. De igual forma, los líderes islámicos de Malasia, siguieron celebrando sus servicios religiosos comunitarios en el mes de febrero, lo que, según las autoridades, también favoreció el contagio y la propagación del virus. 

Ni siquiera en la época histórica más atroz del comunismo se prohibieron los servicios de la Pascua.

En otros lugares, clérigos liberales, rabinos e imanes, han suspendido los servicios religiosos comunitarios. Pero entre la gente de a pie, la orden de suspender los servicios religiosos no es vista con buenos ojos, y el descontento generalizado sigue en aumento ya que, y no sin razón, se argumenta que, ni siquiera en la época histórica más atroz del comunismo se prohibieron los servicios de la Pascua. Este descontento generalizado de los fieles sigue en aumento, y puede volverse contra la actitud de los líderes religiosos que han adoptado estas medidas restrictivas. 

Dentro del judaísmo, muchos han reaccionado de una manera muy creativa, aceptando, por ejemplo que el minyan (en hebreo: מניין, una reunión de un número mínimo de diez varones judíos adultos para la realización de ciertos rituales, el cumplimiento de ciertos preceptos, o la lectura de ciertas oraciones) pudiera realizarse de forma electrónica. Sin embargo, los ultraortodoxos, o Haredim, no han aceptado estas medidas. La gente ha insistido en reunirse para orar, para la celebración de bodas y funerales, desafiando el encierro, complicando la relación entre los haredim y el Estado.

En otros lugares se han producido enfrentamientos de diferente índole con los poderes religiosos establecidos. En Irak, Muatada al-Sadr, un clérigo devoto, ha desafiado al Gran Ayatolá Ali al-Sistani, un líder chiíta, que ha tachado de asesino a todo aquel que propague el virus. El 5 de marzo, Sard oró en la entrada del santuario Imam Ali en Najaf  hasta que finalmente abrieron sus puertas, que permaneció abierto. Este clérigo ha afirmado, entre otras cosas, que este virus es un castigo por la existencia del matrimonio homosexual. 

En las zonas del Golfo, donde el estado controla ampliamente el Islam (como sucede en las monarquías de la zona), se ha ordenado suspender las oraciones del viernes. En Arabia Saudí se ha pedido a los peregrinos que retrasen al mes de julio sus planes para hacer el haj (la peregrinación que realizan los fieles musulmanes a La Meca). Asimismo, cuando comience el Ramadán, alrededor del 23 de abril próximo, las autoridades islámicas de todo el mundo querrán imponer restricciones a las comidas comunales que se celebran para romper el ayuno. 

En Irán, uno de los países en donde las autoridades religiosas ejercen el poder, el 16 de marzo pasado decidieron suspender las peregrinaciones a los lugares sagrados, incluidos aquellos en la ciudad de Qom desde donde existía un foco importante de infección. Esta medida no estuvo yerma de duras críticas por los liberales seculares y por los fieles más devotos. 

En la India, uno de los muchos lugares en donde los políticos deben colaborar con los poderes religiosos, los resultados fueron algo diferentes. Así ocurrió en Ayodhya, el lugar donde se cree que se produjo el nacimiento de Rama (el dios hindú Shri Ram, dios Rama y la sexta reencarnación del dios Vishnu). Se intentaron limitar las celebraciones del dios hindú, pero no todos los funcionarios obedecieron de la misma forma, y hubo problemas al respecto. 

La Santa Sede de estos días es muy diferente a la de los siglos pasados, que es tachada de débil y tibia.

La reacción del catolicismo a todas estas medidas parece mostrar un cierto respeto por la ciencia. La Santa Sede de estos días es muy diferente a la de los siglos pasados, que es tachada de débil y tibia por numerosos católicos conservadores, de los que destacan los estadounidenses, que ven en su mansa respuesta un signo evidente de debilidad y tibieza sin precedentes. 

El contraste entre los católicos y los evangélicos ha sido muy evidente en Brasil. Los obispos y políticos católicos han cooperado activamente en la suspensión de los servicios religiosos; mientras que el presidente Jair Bolsonaro, evangélico, se ha opuesto claramente y ha emprendido una importante batalla legal con el objetivo de mantener abiertas las iglesias del país. 

En este contexto, la supervivencia de las religiones puede depender de que se encuentre una forma convincente de explicar a los fieles, en sus propios términos, por qué su deber espiritual ahora radica en suspender los ritos religiosos considerados hasta ahora vitales y sin discusión alguna. De otro modo, se corre el serio peligro de producirse una ruptura sin precedentes.

La administración del Sacramento de la Comunión en la Iglesia Católica, durante el cual los fieles cristianos consumen las sagradas formas del pan y el vino bajo el misterio de la transubstanciación (según las enseñanzas de la Iglesia católica, se refiere a la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre), y que se basa en el sentido literal e inmediato de las palabras de Cristo en la Última Cena («Esto es mi cuerpo… y mi sangre» Marcos 14:12-16 16:22-26, Mateo 26:26-28, Lucas 22: 14-23), está empezando a presentar un desafío particular que afecta al corazón mismo de la Iglesia Católica. En esta situación ¿cambiará la Iglesia Católica la administración de este Sacramento y la liturgia de la Misa, para adaptarse a los dictados del mundo, y no de Jesús? Se presenta un desafío importante que, de llevarse a cabo, producirá, sin duda, el mayor cisma de la Iglesia Católica en toda su historia. 

Y, sin embargo, la tradición cristiana enseña que el mundo entero es bendecido cada vez que se santifica el pan y el vino en la Misa, con independencia de las personas que se encuentren presentes. Esto explica, por ejemplo, la determinación de los obispos de Grecia de celebrar a puerta cerrada los servicios que conducen a la Pascua ortodoxa. Nada que ver, sin embargo, con la actitud de los obispos católicos, que descansan aparentemente tranquilos en sus cómodos domicilios. 

El Obispo de Roma (Francisco) ha afirmado recientemente que el tiempo de pandemia es un tiempo para separar lo que es necesario de lo que no es.

De hecho, ya desde algunas instancias católicas se afirma que esta situación de pandemia que se está viviendo, que amenaza con extenderse en el tiempo sin duración determinada, desafía la idea y el Ministerio del Sacerdocio tal y como se conoce hoy en día. James Aliston, un sacerdote católico controvertido, señala que la falta de vocaciones en la cristiandad está provocando un replanteamiento del papel de los sacerdotes, y que este virus podría ser el coup de grâce (golpe de gracia) que desestabilizara esa figura en el mundo religioso actual. De hecho, el Obispo de Roma (Francisco) ha afirmado recientemente que el tiempo de pandemia es un tiempo para separar lo que es necesario de lo que no es. Algunos pueden leer en esas palabras un aviso de que las cosas van a cambiar mucho en la Iglesia Católica de aquí en adelante. 

Al final parece que se acabarán cumpliendo las proféticas palabras de Jesús cuando afirmó (Lucas 18:8): «Os lo aseguro: Les hará justicia sin demora. Pero cuando viniere el Hijo del hombre ¿hallará acaso fe sobre la tierra?»